¡Qué hermosos pueblos de esta Extremadura! con sus gentes cercanas, a cientos de kilómetros.
Qué maravilla de entornos naturales, sin un atisbo de civilización en kilómetros a la redonda.
Qué lujo de gastronomía a precios razonables.
Vida sana sin un hospital a menos de 30 minutos.
Más cerca de Lisboa que de Madrid, sin ser atlántica ni mesetaria, su razón de ser no es otra que estar, como el jueves, en medio.
No hay nada nuevo en estas tierras en las que romanos, godos, moros y cristianos han dejado huella.
Tan sin nada que las fábricas pasaron de largo y, casi de milagro, ha convertido el campo en industria agroalimentaria.
Hace unos 70 años la gente salía de aquí como quien huía de la peste, en masa. Sólo los que se quedaron( y en qué condiciones), han convertido este productor natural de mano de obra en lo que es.
Ya no se muere la gente en las Hurdes de hambre. Ahora la gente vive de los forasteros que vienen a pasar el fin de semana. Ecoturismo lo llaman.
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