martes, 15 de mayo de 2012

Padre

A veces pienso que el viaje que hice hasta el far west también ha sido un viaje de huida y de descubrimientos que habitan en el lejano oriente.
Hace poco menos de un año, en las vacaciones de verano, descubrí una cara nueva de mi padre.
Es cierto que, cuando eres pequeño, Papá, así con mayúsculas, es la versión mejorada de Dios. Él es fuerte y sabio, y, en el fondo, sabes que está para ti.
Cuando creces, cuando te ves a ti mismo como un ser completamente distinto, el viejo no es tan fuerte, no es tan sabio, si te fijas en él, es para no cometer los mismos errores.
Llega un día en que el concepto que tenías de ti empieza a parecerse a la realidad. Te has convertido en alguien que no pensabas que serías de niño, te has recorrido tus propias rutas y tu alma luce tus propias heridas. Llega, al fin, el día en que papá ya no va a hacerse el tonto ni el distraído para fingir no saber lo que te pasa.
Simplemente, ha pasado el tiempo y has crecido también por dentro y él sólo puede esperar que lo que te enseño te sirva de algo. Miras a tu padre y ya no sientes vergüenza por él, ni pena, simplemente, lo ves como parte de tu vida.
Ya te falta poco. Solo, quizás, una charla inesperada.
Un pariente, un amigo de la familia, sí, precisamente ese alguien que estuvo siempre ahí como en el decorado, que lo vio todo, y, de repente, te abre los ojos.

Me he pasado media vida tratando de poner en relieve todo lo que me diferenciaba de mi padre, tratando de convencerme de su menor valía en comparación con la mía, esforzándome por resultar tan distinto; que había olvidado cuál era mi propia esencia.
Resultó que él no era tan tonto, ni despistado, ni si quiera tan frío. Simplemente me dejó crecer cometiendo mis propios errores.
Resultó que no trató de obligarme a ser lo que él no pudo ser. Solo quiso darme las herramientas con las que construir mi propia existencia.
Resultó que cada no fue un sí a otros muchos mundos.
Ahora, en la distancia, con el tiempo transcurrido, cuando miro a mi padre, me reconozco en él y, a veces es lo peor, me alegro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario